Cuando se escriben los valores esenciales que debe tener
un periodista, se llega a la conclusión de que “el compromiso con la verdad” es uno de
ellos.
Si se les preguntara a algunos reporteros por los
momentos más importantes de su carrera, seguramente responderían sobre las
informaciones en las que han dado a conocer una verdad de importancia social,
tal vez de carácter exclusivo, que probablemente al ser divulgadas provocaron
efectos en otros medios de comunicación y pudieron convertirse en tema de discusión,
comentarios o decisiones. Pero si se les preguntara sobre las peores
experiencias en su labor, podrían referirse a casos donde por negligencia en el
proceso de recolección de datos o manipulación y engaños por parte de las
fuentes fueron acusados de publicaciones falsas; visto de este punto de vista y
en mismo orden de ideas el éxito del periodismo depende de la búsqueda y divulgación
eficaz de la verdad; de acuerdo a esto es un deber ético periodístico proteger
la verdad porque es frágil y porque es un bien de la sociedad.
La verdad que el periodista o reportero acumula en su
labor de recopilar testimonios, documentos, o de su percepción de lo que ocurre
no puede considerarse absoluta, definitiva o inmodificable; más bien debe considerarse
una verdad provisional.
Cualquier debate que se presente, ya sea en torno a una
nueva ley, un evento deportivo o político, o alzas en servicios públicos o
transporte debe anotarse en la libreta del periodista como tarea para él,
puesto que esto implica trabajos de recolección de datos, entrevistas,
desplazamientos y redacción; todo esto en busca de la verdad.
Para hacer un buen procedimiento y ofrecer una buena
información el periodista necesita de elementos tanto técnicos como éticos; es
necesario que el periodista verifique, confronte y confirme la información que
obtiene de diferentes fuentes para eliminar cualquier riesgo de engaño; la
información brindada por una sola fuente no basta, se debe confrontar con otras
fuentes, el objetivo de estas es brindar información al lector y merecer la atención
del periodista. Una de las técnicas para el manejo de fuentes consiste en
seleccionarlas rigurosamente según su conocimiento de los temas. Renovar las
fuentes constantemente es una tarea práctica y necesaria para el periodista, de
esta manera se evita la dependencia.
La reserva de las fuentes debe ser una práctica de excepción
y no de uno general; debe hacerse sólo en los casos que implican información de
relevancia social o ponen en peligro su trabajo o en casos extremos su vida; de
lo contrario lo ideal es que el lector sepa quién es la fuente y por qué fue
consultada.
Una de las discusiones que se plantea en el documento se
debe a que son muchas las noticias que se ven o se leen pero no se entienden, “
ver no es entender” . En aproximadamente 45 segundos que es lo que dura una
noticia en televisión o de pocos centímetros en un periódico no le permite al
periodista cumplir con su compromiso con la verdad, que pide ser veraces a la
hora de relatar los hechos y, además, hacerlos entender. Toda información
obedece a una o varias intenciones, ya se expresas o implícitas, pero sin
importar esto las intenciones gobiernan el proceso de una noticia e imponen sus
normas.
En conclusión el periodista “pertenece a una aristocracia
del espíritu”, pues su labor y compromiso es buscar y difundir la verdad de los
hechos.
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