El cineasta Estadounidense
Michael Moore, en su documental de 2002, ganador del Oscar, basado en la
matanza de la secundaria de Columbine, Colorado, de 1999; argumentó sobre las
profundas raíces que hacen de los estadounidenses un pueblo violento. Presentó este fenómeno multifactorial en el
que, en síntesis, se extractan tres variables relevantes:
a) EL GOBIERNO
NORTEAMERICANO, creado con gente del pueblo y para el pueblo, cree y transmite
mensaje alto y claro, que matar gente está bien; que está bien
invadir un país que no habría tenido nada que ver con el 11 de septiembre
y matar un montón de gente, sólo porque estaban allí, bajo pretexto de buscar a
Osama Bin Laden, quien al final resulta que estaba en otro país; que aprueba la
pena de muerte. Resultando patente que “El Miedo es
instrumento de poder”: a un pueblo en pánico, se le puede
decir/vender casi cualquier cosa; la creerá y actuará en concordancia. Trátese de segregación, de consumo o de
cualesquiera otros oscuros intereses, por lo que, siempre conviene tener un
enemigo a la vista, alguien a quien satanizar.
¿Por qué tendría entonces
que sorprender cuando algún trastornado, producto de esta misma sociedad, dice
'Siento que quiero matar a alguien y/o hacer una masacre hoy?
b) CONTROL DE ARMAS: Argumentó Moore en favor
del control de armas en Estados Unidos, adonde se requieren permisos y
licencias para el perro, para el auto, para cortar el cabello, etc., pero,
paradójicamente no se los requiere para portar armas de asalto. Aunque sabe que
el asunto es mucho más complejo que leyes de control de armas, abogó en este
sentido como medida de corto plazo, sin efecto alguno más de diez años después.
(aunque los tiroteos de Diciembre de 2012 en la primaria Sandy Hook en Newtown,
Connecticut, en la cual murieron 20 niños y seis adultos, reavivaron el debate
sobre las armas en Estados Unidos. El presidente Barack Obama designó al
vicepresidente Joseph Biden para que ayude a encontrar una solución).
Por último, y no por ello
menos importante sino todo lo contrario, el rol de LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN: de
capital relevancia dado que son los que vierten al público los retazos de
realidad que aquellos perciben. Por
ende, llamados a definir sus lealtades y
en consecuencia su rol histórico: bien como voceros del poder a través del
miedo que difunden, en atención a que el amarillismo vende; o bien como
verdadero e independiente instrumento de equilibrio social.
Claro ejemplo de esta
sociedad de contrastes, por no decir paradójica y contradictoria o, de plano de
doble moral, lo constituyen exponentes como el entonces octogenario Charlton
Heston (1923-2008) quien, con apenas estudios secundarios, toda vez que abandonó
los estudios superiores de
interpretación para acudir a la Segunda Guerra Mundial, logrando
notoriedad en el mundo del celuloide gracias a su físico atlético. Cuya pobrísima cultura general lo llevó a concluir, básicamente que: si el
armamentismo fue bueno para aquellos “blancos” que fundaron su país, pues
también debe serlo para él y sus conciudadanos.
Al unísono que ferviente defensor de la libre comercialización y
posesión de armas que, no en vano fue presidente de la Asociación Americana del
Rifle y que se mostró insensible arrostrando esta defensa a la cara de los
afectados por las masacres en pleno duelo; también ocupó su tiempo libre en
organizar actos de caridad con el Instituto Will Rogers y le fue concedido el
premio humanitario Jean Hersholt en el año 1977. Ejemplificando como, personas incluso con
nobles y altruistas inclinaciones, propugnan por armarse hasta los dientes sin
tener idea por qué, sólo porque a aquellos “blancos les pareció bueno
y….entonces debe serlo”. Además, seguramente
que, según se ve en los noticiarios, se encontrarían sitiados y en inminente
necesidad de defensa y, solo Dios sabe, si la mejor defensa no sería el ataque.
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