PERIODISMO
DE INVESTIGACIÓN: TÉCNICAS Y ESTRATEGIAS.
Por Pepe Rodríguez.
En su informe se aprecian
dos categorías de periodistas, el informador y el investigador donde, el
primero, en síntesis, se ocupa de redactar, conforme a la línea editorial del
medio que lo publica, una serie de eventos de interés general. El investigador por su parte, se ocupa del
trasfondo que subyace a toda cuestión; es así que el investigador puede
detectar material de investigación en noticias ya acabadas a las que dicho
trasfondo ha pasado inadvertido.
Inicia por la detección de
hechos investigables a cuyo efecto establece una serie de premisas como que, el
futuro es mera prolongación de su pasado/presente inmediato; que, en teoría, todo hecho pasado con expectativas de
concreción futura deja rastros diversos e imborrables en lo que da en denominar
“el campo de la realidad” y por ello puede ser localizado e investigado si se
logra concatenar los suficientes y adecuados hechos ya pasados. En síntesis, se parte de la hipótesis que todo hecho puede ser detectable si se dan
una serie de procesos comunicativos apropiados que lo aproximen hasta el
periodista y da por sentado que, debajo de cualquier hecho o
persona, si rascamos lo suficiente, siempre encontraremos aspectos realmente
interesantes que se han intentado ocultar con más o menos celo.
Esquematiza el proceso de
detección de la noticia a partir del
campo de la realidad que es la fuente; pasando por filtros informativos deviene
en el proceso comunicador que se
subdivide en voluntario e involuntario que a su vez derivan en
tres niveles informativos: el primero público; el segundo privado y el tercero
reservado. Estos últimos empalman con los canales informativos:
institucional; publicaciones de interés
general; publicaciones especializadas; publicaciones técnicas; actos públicos;
actos privados; publicaciones privadas; publicaciones reservadas; confidencias
y filtraciones. Viene luego el análisis
de contenido, contexto y veracidad; la detección de la noticia y por último el
inicio del proceso de investigación.
En desarrollo del esquema, describe los filtros informativos que pueden
ser: personal, cuando son los individuos
implicados en el hecho quienes intentan evitar su divulgación sin más, o
institucional, que es una posibilidad ampliada de la personal en la que el
filtro informativo no lo antepone el o los protagonistas directos del hecho,
sino una tercera entidad institucionalizada (portavoz, gabinete de prensa o
relaciones públicas, etc.) que, bajo la aparente función de facilitar la
transparencia informativa, hace en realidad todo lo contrario.
Sobre los filtros
institucionales, habida cuenta que la labor cotidiana del investigador se trata
precisamente de sacar a la luz hechos guardados bajo la realidad que por ende
no interesa a los implicados sacar a la luz sino más bien todo lo contrario,
afirma en síntesis que, si bien son estructuralmente necesarios para todos
los departamentos de la Administración y muchas entidades privadas: muy útiles
para todo periodista informador, su balance es bastante desastroso en cuanto a
la posible utilidad para el periodista investigador a quien, toda información
que en su profesión se considera importante, se escuda detrás de un filtro
informativo, de una barrera de silencio o desinformación más o menos
infranqueable por lo que, toda realidad que consigue salir de su campo y
traspasar el filtro informativo lo hace a través de un proceso comunicador que
admite muy diversas variables formales y estructurales. Proceso comunicador que puede ser voluntario,
cuando nace de la intencionalidad de trasvasar un determinado contenido
informativo desde su campo de origen hasta un receptor ajeno al mismo o,
involuntario, que es el que, al traspasar el contenido informativo lo hace de
una manera no intencional, inadvertida o por error, ya que lo que interesaba
realmente al emisor era, precisamente, silenciarlo. Carácter de involuntariedad y/o errata por el
cual, ambos conceptos se entremezclan en
la práctica de continuo de forma que no siempre puede distinguirse claramente
el límite entre uno y otro.
Los canales informativos por
su parte, pueden ser: a) el público: conformado por comunicaciones de muy
distintas procedencias pero con el común denominador de haberse difundido de
una manera pública y notoria; se infiere el menos atractivo para el periodista
investigador en atención a la voluntariedad comunicativa que presupone, a
priori por cuanto se dan excepciones notables y suele arrojar una rentabilidad
informativa muy importante; b) el privado: integrado
por comunicaciones transmitidas a nivel particular y/o dentro de un grupo de
receptores reducido que, en principio, no tienen intencionalidad de
publicitarias aunque, en todo caso, tampoco tengan prohibición expresa de
hacerlo. Es un nivel de comunicación que exige, muchas veces, tener que
respetar algunas reglas de anonimato o de intimidad y c) el reservado:
configurado por contenidos comunicativos estrictamente confidenciales,
elaborados para muy reducidos y seleccionados grupos de receptores que, éstos
sí, tienen la obligación de mantenerlos ocultos o hacer de ellos un uso
absolutamente reservado. Lógicamente, éste es siempre el nivel más apetecido por
el periodista investigador y, también, el más difícil de trabajar; puede
presuponer, entre otros, aspectos de carácter legal referidos a la privacidad,
intimidad y confidencialidad.
De entre los canales informativos públicos destacan: a)
Los institucionales: que tienen su origen en entidades diversas, bien de modo
interesado (comunicados de prensa, boletines, etc.), o a instancia de parte, es
decir, como respuesta a una demanda informativa por parte del periodista;
muy
útil al periodista informador ya que le llena buena parte de sus necesidades
informativas, pero no supone más que indicios o datos complementarios para el
periodista investigador con el que los responsables de la información
institucional no suelen tener buenas migas,
intentan oponerles el mayor número posible de barreras y, según se
extracta del escrito, emplean maniobras distractivas y artificios conducentes a
desviar su atención hacia otros temas, sin embargo, con efecto adverso toda vez
que, a ojos del investigador, estas conductas conllevan implícita afirmación de
que lo que se está investigando tiene fundamento y es incómodo para la
institución abordada. Llama la atención
sobre el hecho que, cuando el periodista es inexperto, por estas vías lo
intoxican con datos «reservados» absolutamente inexactos, cuando no
manifiestamente absurdos o falsos, susurrados bajo pretendida
confidencialidad. Así también, señala
que los medios de comunicación actuales publican un porcentaje alarmante de
informaciones de procedencia claramente institucional, cosa que, al margen de
hacerlos aburridos e inútiles como elementos de crítica y control social, los
acerca más a un medio publicitario (que transmite información interesada y con
finalidad clara de vender su contenido) que a uno informativo, cosa que,
apurando algo la crítica, nos podría llevar a pensar que se está defraudando
gravemente el fundamental proceso de transmisión de información objetiva dentro
de la colectividad.
b) Las publicaciones de
interés general: constituidas por todo lo expresado a través
de medios de comunicación (escritos o audiovisuales, excepto algunos que no son
materia del presente). Afirma el autor
que la información procedente de estas publicaciones es muy amplia en
posibilidades de contenido y en calidad informativa de la que, si se sabe analizar datos correctamente,
(confrontación, contraste, concordancia, coherencia, lagunas, contradicciones, etc.),
se puede detectar un torrente de posibles hechos interesantes a investigar. Que es evidente que, entre la enorme cantidad
de informaciones publicadas diariamente por la prensa, se pueden contar por
decenas los apuntes informativos que se queman sin haber entrado para nada en
el fondo de la cuestión informada, lo que ilustra mediante algunas de sus
propias experiencias, así que, mediante el análisis de un plato fotográfico que
ofrecía modelos de desnudo a aficionados, pudo llegar a investigar y probar la
existencia de una red de prostitución encubierta, entre otros. Sobre este
fenómeno, que redundaría en bendición para los periodistas (especialmente para
los free lancers y los de prensa no diaria) que trabajan con una dinámica más o
menos de investigación, aduce que muchas veces viene dado por
las necesidades estructurales de los diarios —y, bastantes otras, por una falta
de profesionalidad—.
Sobre las “Filtraciones”,
que define como instrumento glorioso, llama la atención sobre el riesgo notable
que suponen dado que entrañan intencionalidad y suelen producirse en
circunstancias de modo tiempo y lugar coyunturales sociales, políticos etc. Por
lo que el periodista puede resultar fungiendo, bien ingenua, bien
intencionadamente, de instrumento útil a obscuros intereses particulares.