jueves, 28 de febrero de 2013

Periodismo de Investigación: Técnicas y Estrategias


PERIODISMO DE INVESTIGACIÓN: TÉCNICAS Y ESTRATEGIAS. 
Por Pepe Rodríguez.
En su informe se aprecian dos categorías de periodistas, el informador y el investigador donde, el primero, en síntesis, se ocupa de redactar, conforme a la línea editorial del medio que lo publica, una serie de eventos de interés general.  El investigador por su parte, se ocupa del trasfondo que subyace a toda cuestión; es así que el investigador puede detectar material de investigación en noticias ya acabadas a las que dicho trasfondo ha pasado inadvertido. 
Inicia por la detección de hechos investigables a cuyo efecto establece una serie de premisas como que, el futuro es mera prolongación de su pasado/presente inmediato; que, en teoría,  todo hecho pasado con expectativas de concreción futura deja rastros diversos e imborrables en lo que da en denominar “el campo de la realidad” y por ello puede ser localizado e investigado si se logra concatenar los suficientes y adecuados hechos ya pasados.  En síntesis, se parte de la hipótesis  que todo hecho puede ser detectable si se dan una serie de procesos comunicativos apropiados que lo aproximen hasta el periodista  y da  por sentado que, debajo de cualquier hecho o persona, si rascamos lo suficiente, siempre encontraremos aspectos realmente interesantes que se han intentado ocultar con más o menos celo.  
Esquematiza el proceso de detección de la noticia a partir   del campo de la realidad que es la fuente; pasando por filtros informativos deviene en el proceso comunicador que  se subdivide en voluntario e involuntario que a su vez derivan   en tres niveles informativos: el primero público; el segundo privado y el tercero reservado.  Estos últimos empalman con   los canales informativos: institucional;  publicaciones de interés general; publicaciones especializadas; publicaciones técnicas; actos públicos; actos privados; publicaciones privadas; publicaciones reservadas; confidencias y filtraciones.  Viene luego el análisis de contenido, contexto y veracidad; la detección de la noticia y por último el inicio del proceso de investigación.
En desarrollo del esquema,  describe los filtros informativos que pueden ser: personal, cuando son los  individuos implicados en el hecho quienes intentan evitar su divulgación sin más, o institucional, que es una posibilidad ampliada de la personal en la que el filtro informativo no lo antepone el o los protagonistas directos del hecho, sino una tercera entidad institucionalizada (portavoz, gabinete de prensa o relaciones públicas, etc.) que, bajo la aparente función de facilitar la transparencia informativa, hace en realidad todo lo contrario. 
Sobre los filtros institucionales, habida cuenta que la labor cotidiana del investigador se trata precisamente de sacar a la luz hechos guardados bajo la realidad que por ende no interesa a los implicados sacar a la luz sino más bien todo lo contrario, afirma en síntesis que,  si bien  son estructuralmente necesarios para todos los departamentos de la Administración y muchas entidades privadas: muy útiles para todo periodista informador, su balance es bastante desastroso en cuanto a la posible utilidad para el periodista investigador a quien, toda información que en su profesión se considera importante, se escuda detrás de un filtro informativo, de una barrera de silencio o desinformación más o menos infranqueable por lo que, toda realidad que consigue salir de su campo y traspasar el filtro informativo lo hace a través de un proceso comunicador que admite muy diversas variables formales y estructurales.   Proceso comunicador que puede ser voluntario, cuando nace de la intencionalidad de trasvasar un determinado contenido informativo desde su campo de origen hasta un receptor ajeno al mismo o, involuntario, que es el que, al traspasar el contenido informativo lo hace de una manera no intencional, inadvertida o por error, ya que lo que interesaba realmente al emisor era, precisamente, silenciarlo.  Carácter de involuntariedad y/o errata por el cual, ambos conceptos se entremezclan  en la práctica de continuo de forma que no siempre puede distinguirse claramente el límite entre uno y otro.
Los canales informativos por su parte, pueden ser: a) el público: conformado por comunicaciones de muy distintas procedencias pero con el común denominador de haberse difundido de una manera pública y notoria; se infiere el menos atractivo para el periodista investigador en atención a la voluntariedad comunicativa que presupone, a priori por cuanto se dan excepciones notables y suele arrojar una rentabilidad informativa muy importante; b) el privado: integrado por comunicaciones transmitidas a nivel particular y/o dentro de un grupo de receptores reducido que, en principio, no tienen intencionalidad de publicitarias aunque, en todo caso, tampoco tengan prohibición expresa de hacerlo. Es un nivel de comunicación que exige, muchas veces, tener que respetar algunas reglas de anonimato o de intimidad y c) el reservado: configurado por contenidos comunicativos estrictamente confidenciales, elaborados para muy reducidos y seleccionados grupos de receptores que, éstos sí, tienen la obligación de mantenerlos ocultos o hacer de ellos un uso absolutamente reservado. Lógicamente, éste es siempre el nivel más apetecido por el periodista investigador y, también, el más difícil de trabajar; puede presuponer, entre otros, aspectos de carácter legal referidos a la privacidad, intimidad y confidencialidad.
De entre  los canales informativos públicos destacan: a) Los institucionales: que tienen su origen en entidades diversas, bien de modo interesado (comunicados de prensa, boletines, etc.), o a instancia de parte, es decir, como respuesta a una demanda informativa por parte del periodista; muy útil al periodista informador ya que le llena buena parte de sus necesidades informativas, pero no supone más que indicios o datos complementarios para el periodista investigador con el que los responsables de la información institucional no suelen tener buenas migas,  intentan oponerles el mayor número posible de barreras y, según se extracta del escrito, emplean maniobras distractivas y artificios conducentes a desviar su atención hacia otros temas, sin embargo, con efecto adverso toda vez que, a ojos del investigador, estas conductas conllevan implícita afirmación de que lo que se está investigando tiene fundamento y es incómodo para la institución abordada.  Llama la atención sobre el hecho que, cuando el periodista es inexperto, por estas vías lo intoxican con datos «reservados» absolutamente inexactos, cuando no manifiestamente absurdos o falsos, susurrados bajo pretendida confidencialidad.  Así también, señala que los medios de comunicación actuales publican un porcentaje alarmante de informaciones de procedencia claramente institucional, cosa que, al margen de hacerlos aburridos e inútiles como elementos de crítica y control social, los acerca más a un medio publicitario (que transmite información interesada y con finalidad clara de vender su contenido) que a uno informativo, cosa que, apurando algo la crítica, nos podría llevar a pensar que se está defraudando gravemente el fundamental proceso de transmisión de información objetiva dentro de la colectividad.
b) Las publicaciones de interés general: constituidas por todo lo expresado a través de medios de comunicación (escritos o audiovisuales, excepto algunos que no son materia del presente).  Afirma el autor que la información procedente de estas publicaciones es muy amplia en posibilidades de contenido y en calidad informativa de la que,  si se sabe analizar datos correctamente, (confrontación, contraste, concordancia, coherencia, lagunas, contradicciones, etc.), se puede detectar un torrente de posibles hechos interesantes a investigar.  Que es evidente que, entre la enorme cantidad de informaciones publicadas diariamente por la prensa, se pueden contar por decenas los apuntes informativos que se queman sin haber entrado para nada en el fondo de la cuestión informada, lo que ilustra mediante algunas de sus propias experiencias, así que, mediante el análisis de un plato fotográfico que ofrecía modelos de desnudo a aficionados, pudo llegar a investigar y probar la existencia de una red de prostitución encubierta, entre otros. Sobre este fenómeno, que redundaría en bendición para los periodistas (especialmente para los free lancers y los de prensa no diaria) que trabajan con una dinámica más o menos de investigación, aduce que muchas veces viene dado por las necesidades estructurales de los diarios —y, bastantes otras, por una falta de profesionalidad—.
Sobre las “Filtraciones”, que define como instrumento glorioso, llama la atención sobre el riesgo notable que suponen dado que entrañan intencionalidad y suelen producirse en circunstancias de modo tiempo y lugar coyunturales sociales, políticos etc. Por lo que el periodista puede resultar fungiendo, bien ingenua, bien intencionadamente, de instrumento útil a obscuros intereses particulares.

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