Óscar Alfredo Ramírez
Castañeda, contactado por la fiscalía Guatemalteca, se vio golpeado por una
realidad que partió su vida y su propio ser en tres, uno, el que yace en las brumas de sus genuinas raíces masacradas
en 1982; otro, el tierno infante
al que se le enseñó a amar y admirar al exterminador de los suyos como a un
padre y, el otro, el amante esposo y padre de familia a la que se debe en
presente y futuro, de cuya protección y salvaguarda es el directo responsable.
El caso de la masacre "
Dos Erres"-Guatemala en la que, tras violar a las mujeres incluidas niñas
de hasta diez años de edad, de infligir tortura física y psicológica y toda
suerte de aberrantes vejámenes fueron asesinadas más de 250 personas entre
bebes, niños, mujeres, ancianos y hombres indefensos; es emblemático además su
siniestra brutalidad, objeto de ejemplares posteriores sentencias proferidas
por cortes guatemaltecas por crímenes de lesa humanidad contra varios de los
integrantes del escuadrón “los Kaibiles” y sus derivaciones como la Escuela
panameña Las Américas, entre otros contra el coronel Carías, el ex teniente y
comandante local que ayudó a planear y encubrir el asalto, algunos ya
fallecidos y otros prófugos; por el drama humano que le supone al sobreviviente
Oscar Alfredo descubrirse, ya adulto, botín tomado por el que tuvo, amó y admiró
como padre, de aquella masacre en la que murieron sus
verdaderos padres y parientes, dado a título de nieto souvenir con el cual satisfacer
el deseo de la madre de uno de los
perpetradores, el .teniente “Cocorico” “El
Indio” Ramírez.
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